En pocas décadas, la forma de construir una carrera profesional cambió por completo. La idea de ingresar a una empresa, desarrollarse durante 40 años y jubilar en ella dejó de ser la norma para la mayoria de los trabajadores. La generación de mis padres, llamada Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964), por lo general ingresaba joven a una empresa y permanecía en ella hasta iniciar su jubilación. Comenzaban desde los cargos más básicos y, con el tiempo, ascendían haciendo “carrera” dentro de la misma organización.
Hoy ese modelo prácticamete ha desaparecido. Un profesional debe estar preparado para cambiar de empleo en múltiples ocasiones a lo largo de su vida laboral. La estabilidad ya no depende necesariamente de permanecer muchos años en una organización, sino de mantener la capacidad de adaptarse y seguir siendo empleable.
Esta transformación también se refleja en cifras. En Estados Unidos, a partir de datos de la Agencia de Estadísticas Laborales Norteamericana para el año 2024, la permanencia promedio de un trabajador del sector privado es de 3.5 años y se ha ido reduciendo consistentemente en los últimos 10 años. Mientras los colaboradores entre 55 y 64 años permanecen, en promedio 9.6 años en una empresa, quienes tienen entre 24 y 34 años permanecen solo 2.8 años.
Las razones detrás de estas cifras son muchas: algunas positivas, como la mayor disponibilidad de oportunidades de trabajo y las facilidades para postular a ellas gracias a Internet; no obstante, también existen factores que afectan negativamente a los colaboradores. La creciente competitividad de los mercados impulsa a muchas empresas a fusionarse para alcanzar escala para competir; otras, en cambio, salen del mercado al no poder ofrecer una propuesta de valor rentable para sus accionistas, mientras que algunas implementan nuevas tecnologías que reducen la cantidad de puestos de trabajo disponibles.
El Foro Económico Mundial en su Reporte sobre el Futuro de Trabajo 2025, determinó que cerca del 60% de los empleadores espera que su negocio se transforme significativamente antes del 2030 como consecuencia de la digitalización y la incorporación de inteligencia artificial. Si bien se estima que el número total de empleos en el mundo continuará creciendo en los próximos cinco años, la transformación de las funciones laborales será tan profunda que cerca del 60% de los trabajadores necesitará adquirir nuevas competencias para mantener su empleabilidad. En otras palabras, seis de cada diez personas deberán volver a aprender para seguir siendo competitivas en el mercado laboral.
Bajo este nuevo escenario, y considerado además una expectativa de vida cada vez mayor, la forma en que enfrentamos nuestra formación profesional debe ser reevaluada. Si antes, obtener un título profesional garantizaba décadas de trabajo estable y una jubilación feliz, hoy la educación continua deja de ser una ventaja competitiva para convertirse en una necesidad. En un contexto de acelerado cambio tecnológico, los profesionales deberán actualizar permanentemente sus conociminentos para responder a las nuevas exigencias del mercado y enfrentar una trayectoria labral mucho más dinámica que la de generaciones anteriores.
La Organización Mundial del Trabajo (OIT), en su Informe sobre el Mundo del Trabajo 2026, propone elevar el concepto de “Lifelong Learning” (Aprendizaje a lo Largo de la Vida) a una prioridad estratégica para los gobiernos. No solo a partir del impacto que tiene la formación continúa en la productividad y el crecimiento económico, sino también apelando a la educación como un habilitador de progreso social, ya que promueve una mayor igualdad de oportunidades y fortalece el acceso a un trabajo decente de cara a los desafíos de siglo XXI. La OIT hace un potente llamado a la acción: el aprendizaje permanente debe ser inclusivo, de alta calidad y capaz de responder a un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa.
Frente a este escenario, se hace fundamental que Estado, empresa y academia trabajen de manera coordinada y con una mirada de largo plazo para desarrollar una oferta de formación continua de calidad que acompañe a las personas durante su trayectoria labora. Con especial foco en dotar a los chilenos de las habilidades necesarias para la economía del futuro: pensamiento analítico, resiliencia, liderazgo, creatividad y competencias tecnológicas.
Porque hoy la estabilidad laboral depende menos del lugar donde trabamos y mucho más de nuestra capacidad para seguir aprendiendo. Solo así será posible revertir la combinación de bajo crecimiento económico y alto desempleo que nos ha acompañado durante los últimos años y así responder a las demandas de nuestros ciudadanos por una vida más prospera para ellos y sus familias.