Publicado originalmente en Mirada FEN
Edición enero–abril
Por: Martin Cook, Ingeniero Comercial, Magíster en Finanzas, FEN Universidad de Chile. Director de Unegocios.
Los últimos 100 años de la humanidad han visto un progreso difícilmente comparable con otro periodo de nuestro desarrollo. En pocas décadas hemos transitado de una vida eminentemente rural, basada en una economía local y donde el trabajo se basaba en la ejecución de tareas que son parte de una cadena productiva que se desarrollaba en una organización jerárquica, la supervisión directa y el control estricto.
En la actualidad, la vida de nuestros profesionales es eminentemente urbana, basada en una economía globalizada, extremadamente competitiva y digitalizada. El trabajo hoy se desarrolla en contextos multidisciplinarios y colaborativos, con entornos de negocios inciertos y volátiles. De la misma forma, nuevas herramientas están constantemente irrumpiendo en el contexto del trabajo, primero fue la calculadora, luego la ofimática, las herramientas de análisis avanzado de datos y, en los últimos años, los servicios de inteligencia artificial generativa.
Desde mi perspectiva, es improbable que este proceso de evolución acelerada se detenga, por lo que sus avances tanto en los negocios, en el trabajo y la medicina difícilmente se detendrán. Diversos estudios apuntan a que las nuevas generaciones Z y Alpha serán las primeras generaciones que alcanzarán una expectativa de vida de 100 años. En la actualidad, la expectativa de un chileno que nace se encuentra en los 81-82 años, hace 50 años esa misma expectativa para un chileno nacido en 1976 era de 65-66 años. Este salto significativo en términos de longevidad también nos invita a reflexionar sobre su efecto en la forma en que se planifica la carrera profesional.
Este escenario plantea un desafío de fondo para personas, organizaciones y nuestro sistema de educación: la necesidad de repensar el rol de la educación profesional continua de la mano de la nueva necesidad de un talento 4.0. En un contexto de longevidad laboral, cambio tecnológico acelerado y transformación de las formas de trabajo, la educación continua deja de ser un complemento y se transforma en una pieza estructural del desarrollo profesional, la productividad y la competitividad de las organizaciones.
Este cambio de paradigma no es solo una percepción reciente, sino que ha sido materia de discusión por organismos internacionales durante la última década. En enero de 2016, el Foro Económico Mundial (Schwab, 2016) planteó que la humanidad estaba en el umbral de la Cuarta Revolución Industrial a partir del auge de los sistemas físico-cibernéticos. No cabe duda que 10 años después, el Internet de las Cosas, la biotecnología, la inteligencia artificial, la impresión 3D han tenido un impacto profundo. En paralelo, se libera el informe sobre el Futuro del Trabajo (WEF, 2016) que se plantea el objetivo de “ser un llamado a la acción para anticiparse y prepararse para los futuros requerimientos en habilidades, contenido del trabajo y el efecto agregado en el empleo”. Este informe continúa, “es nuestro deseo que este conocimiento incentive y potencie alianzas entre gobiernos, educadores, proveedores de entrenamiento, colaboradores y empleadores para administrar de mejor forma el impacto transformador de la Cuarta Revolución Industrial en el empleo, las habilidades y la educación.” En definitiva, el Talento 4.0 se refiere a la formación del talento requerido para hacer frente a los desafíos de la evolución tecnológica.
Un año después, la consultora Deloitte publica el reporte “Global Human Capital Trends” (Deloitte, 2017) donde establece la necesidad de construir en forma urgente las organizaciones del futuro de manera tal que puedan moverse más rápido, adaptarse en menor tiempo, facilitar un aprendizaje veloz y abarcar la demanda de colaboradores por una carrera más dinámica.